Prepara tus pies para el verano

La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo y una de sus funciones principales es la de barrera de entrada para muchos microorganismos, protegiéndonos de posibles infecciones. La correcta función de la piel está directamente relacionada con su hidratación. En una piel hidratada, que es mucho más elástica, es difícil que aparezcan grietas o descamaciones, minimizando las posibilidades de infección por microorganismos.
Cuando nos referimos a los pies, la hidratación juega un papel todavía más importante que en cualquier otra zona del cuerpo, ya que nos estamos refiriendo a una piel que está habitualmente soportando carga, o bien la del peso de nuestro cuerpo, si nos referimos a la planta, o bien la del roce del calzado en la zona del dorso.

¿Cuándo se debe hidratar la piel del pie?

El pie, al contrario de lo que se hace en muchas ocasiones, se debe hidratar por la noche. Es bastante habitual que la hidratación del resto del cuerpo la realicemos por la mañana después de la ducha, y es correcto para el resto de la piel, pero no para nuestros pies.
Hemos de tener en cuenta que, si hidratamos los pies por la mañana y, a continuación, metemos el pie en el interior de un calcetín y/o zapato, la mezcla entre la hidratación y la posible sudoración del pie puede provocar una “maceración”. Así pues, se genera un medio húmedo mantenido que no favorece en absoluto la salud de nuestros pies. Por este motivo, la mejor forma de hidratar el pie es mediante automasaje, unos minutos antes de acostarnos, para que la crema pueda hacer su función durante la noche.

Recomendaciones para el cuidado

Pies siempre secos. El calor y la humedad pueden provocar la aparición de hongos y bacterias, por esta razón es muy importante mantener los pies limpios y secos. Hay que evitar andar descalzos por zonas propensas a acumular humedad (como bordes de la piscina o duchas comunitarias).

Un buen calzado. El uso continuado de chanclas no es muy recomendable, ya que, al no sujetar bien el pie, la fuerza para tener más estabilidad recae en los dedos y eso puede provocar la deformidad de las extremidades y la aparición de callos. Cuanto más natural sea el material que está en contacto directo con tu piel, mejor. Evita que sean sintéticos y el calzado estrecho, que impiden la transpiración del pie.

Cuida tus uñas. Corta tus uñas siempre cuadradas para que no se claven en la piel y procura hidratar las cutículas. Ten muy en cuenta también la alimentación si quieres unas uñas fuertes.

Una buena circulación. La higiene postural es muy importante para unos pies sanos. Evita cruzar las piernas durante mucho tiempo. Si por tu trabajo pasas la mayor parte de la jornada sentada, hazte con un reposapiés, para elevarlos cuando estés sentado. Otro consejo podría ser mover los dedos encogiéndolos y estirándolos y también moverlos haciendo círculos con los tobillos.

Hidrata tu piel. Al llevar zapatos descubiertos, el talón se puede resecar. Antes de que aparezcan las molestas y antiestéticas grietas. Incluye en el cuidado diario una crema hidratante específica para los pies. Aplica la crema masajeando para que penetre mejor. Podrías completar el cuidado de tus pies, exfoliándolos una vez a la semana.

Si no eres usuario habitual de cremas hidratantes específicas para el pie, haz una prueba durante un mes con un producto especialmente indicado para su caso y sin ninguna duda, tus pies le dirán si ha valido la pena.
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